Durante más de un siglo, el Colegio Salesiano Santa Rosa ha sido mucho más que una institución educativa. Su historia está marcada por miles de vidas transformadas gracias al legado de Don Bosco, un santo que creyó en los sueños de niños y jóvenes cuando pocos lo hacían.

Hace 103 años, el entonces Instituto Católico Santa Rosa abrió sus puertas en Huancayo con una misión clara: formar buenos cristianos y honrados ciudadanos. Inspirados en la obra de san Juan Bosco, sacerdote italiano que dedicó su vida a acompañar a niños y jóvenes en situación de vulnerabilidad en las calles de Turín, los salesianos iniciaron una labor educativa que continúa vigente.
Sin embargo, hablar de estos 103 años no significa únicamente recordar fechas o acontecimientos históricos. Es descubrir cómo ese legado permanece vivo en los patios, las aulas y, sobre todo, en las personas que forman parte de esta comunidad.
Una mañana cualquiera en el colegio basta para comprenderlo. Mientras un grupo de estudiantes de secundaria disputaba un encuentro deportivo en el patio central, los niños de primaria recorrían sus espacios de aprendizaje resolviendo desafíos para completar un rompecabezas sobre animales invertebrados que luego presentarían en clase.
Entre ellos se encontraba la profesora Rosario, quien destacó dos aspectos fundamentales de su experiencia como educadora salesiana: la devoción a María Auxiliadora y la espiritualidad de Don Bosco.


“Me marcó mucho el Mes Mariano, la devoción a la Virgen María y conocer la salesianidad de Don Bosco para con los niños y jóvenes. Esa sigue siendo nuestra misión en un mundo donde muchas veces se tiene todo materialmente, pero faltan aspectos esenciales como los valores.”
Sus palabras reflejan una convicción compartida por muchos educadores: la educación no se limita a transmitir conocimientos, sino que busca formar integralmente a la persona.
Una presencia que trasciende el colegio
La presencia salesiana en Huancayo va mucho más allá de las aulas. Su labor se extiende a parroquias, oratorios, centros juveniles, obras sociales y espacios de acompañamiento para niños, jóvenes y familias.
Así lo expresa la subdirectora Verónica Núñez, quien recuerda con emoción una experiencia de su infancia.
“Tenía cuatro años y cerca de mi barrio había una escuelita donde nos reuníamos con otros niños. Premiaban la puntualidad y la perseverancia, y al final nos regalaban una Biblia.”
Durante muchos años desconoció quiénes organizaban aquellas actividades. Con el tiempo descubrió que se trataba de Salesianos Cooperadores.
Para ella, la verdadera influencia salesiana se encuentra en las vidas transformadas.
“Mi labor no es solo en el colegio. Siempre fui oratoriana y continúo trabajando por los chicos. Esa es la influencia y los frutos de los salesianos en Huancayo. Así como cambió mi vida, seguramente muchas personas iniciaron allí su historia.”
Su testimonio demuestra que el impacto de la obra salesiana trasciende los límites de una institución educativa.
Educar desde la cercanía
En uno de los pasillos del colegio, dos estudiantes observan atentamente una reproducción del cuadro de María Auxiliadora pintado por Tomás Lorenzone. Conversan sobre sus símbolos mientras buscan respuestas a sus preguntas.
La escena representa uno de los pilares del Sistema Preventivo de Don Bosco: acompañar, dialogar y educar desde la cercanía.
Ese espíritu también es resaltado por el psicólogo Erick García.
“Ser salesiano es ser alegre y acompañar a los niños y jóvenes.”
Aunque antes de integrarse a la institución conocía poco sobre la obra salesiana, hoy reconoce una profunda relación entre su profesión y el legado de Don Bosco.
“En psicología aprendemos a escuchar antes de juzgar. Don Bosco hizo precisamente eso con los muchachos rechazados en su época. Hoy siento que mi labor encaja perfectamente con la salesianidad.”


Volver a casa
Una de las características de la espiritualidad salesiana es su capacidad de permanecer en el corazón de quienes la vivieron. Algunos nunca se marchan; otros regresan con el paso del tiempo.
Así lo expresa Mark, integrante del Movimiento Juvenil Salesiano (MJS).
“Para mí, ser salesiano significa volver a casa y entender que los tiempos de Dios y de la Virgen son perfectos.”
Su historia comenzó en 2012, cuando ingresó al grupo Domingo Savio. Más adelante fue catequista y participó en diversos procesos de formación juvenil. Sin embargo, las responsabilidades personales lo alejaron durante varios años.
Su regreso le permitió descubrir que la salesianidad no depende de un cargo, sino de un compromiso permanente de servicio.
“Entendí que ser salesiano no es un título, sino un estilo de vida. Es servir donde haga falta y ser un rostro acogedor para quienes necesitan sentirse acompañados.”
Su experiencia confirma que la obra salesiana continúa dando frutos incluso muchos años después.

La salesianidad más allá de los patios
La experiencia de Sofía, médica de profesión e integrante del Movimiento Juvenil Salesiano, demuestra que el espíritu salesiano acompaña a las personas incluso fuera de la obra.
“Ser salesiana es un estilo de vida. No solo se vive dentro del colegio o del oratorio; es un sello que llevamos a nuestras familias, al trabajo y a cada lugar donde estamos.”
Durante una experiencia laboral en la selva peruana comenzó a acompañar a niños y adolescentes que pasaban gran parte de su tiempo en las calles.
Más que ayuda material, les ofrecía escucha, cercanía y tiempo.
“Muchos solo necesitaban sentirse importantes y saber que alguien estaba dispuesto a escucharlos.”
Aquella vivencia le recordó uno de los principios fundamentales del Sistema Preventivo: estar presentes entre los jóvenes, acompañarlos y creer en ellos.
Hoy está convencida de que cualquier persona puede convertirse en un instrumento para transformar la vida de los demás.

Un legado que continúa creciendo
Las palabras del papa Francisco parecen resumir el espíritu que ha guiado durante más de un siglo a la familia salesiana:
“Si nos atrevemos a salir de nosotros mismos e ir a las periferias, allí encontraremos a Jesús.”
Lo que comenzó como una obra destinada a la educación de niños se ha convertido en una comunidad que acompaña a niños, niñas, jóvenes, adultos y familias enteras.
A 103 años de su fundación, el Colegio Salesiano Santa Rosa continúa siendo un punto de partida para miles de historias marcadas por la educación, la fe, la amistad, el servicio y la esperanza.

Porque la verdadera historia de estos 103 años no se encuentra únicamente en los archivos o en las fotografías antiguas. Vive en cada persona que descubrió que alguien creyó en ella, acompañó sus sueños y le enseñó a mirar el futuro con esperanza, tal como lo hizo Don Bosco hace casi dos siglos en las calles de Turín.



